Vicia y avena como cultivos de cobertura en maíz


CAPURRO, J. (1)
DICKIE, M. J.
(2)
NINFI, D.; ZAZZARINI, A. y TOSI, E.
(3) GONZALEZ, M. C. (4)

(1) AER INTA Cañada de Gómez
(2) FCA, UNR
(3) Asesores Técnicos
(4) EEA INTA Oliveros


Resumen
En los sistemas agrícolas difundidos en el sur de la provincia de Santa Fe, el maíz se implanta frecuentemente en suelos de baja fertilidad. Esta baja fertilidad generalizada de los suelos es producto de la falta de equilibrio entre lo aportado y exportado en materia de nutrientes, en las últimas décadas en la región.

El objetivo del presente trabajo fue evaluar el impacto de la inclusión de distintos cultivos de cobertura (CC) y de la fertilización con nitrógeno (N) en la productividad de maíz, en Argiudoles típicos y acuicos del sur de la provincia de Santa Fe.


Los ensayos se establecieron durante la campaña 2010/11. Los valores de MS producida por los CC oscilaron entre 2903 y 8199 kg.ha-1, con diferencias significativas entre localidades y CC. Los aportes de nutrientes variaron según el CC considerado. Se registraron diferencias significativas de rendimiento de maíz entre localidades, tratamientos y subtratamientos. En el ambiente Armstrong, el maíz sobre vicia rindió significativamente más que sobre los otros antecesores, con incrementos de hasta 2597 kg.ha-1 y los niveles de fertilización con N50 y N100 rindieron significativamente más que N0. En el ambiente Correa, los tratamientos Vicia y sin CC, no presentaron diferencias significativas en rendimiento de maíz. Todos los niveles de N evaluados presentaron diferencias significativas en rendimiento de maíz. Sobre Avena + Vicia, el maíz rindió significativamente menos en los dos ambientes, con respecto al resto de los tratamientos de cobertura.

Palabras clave
Cultivos de cobertura; maíz; nitrógeno

Introducción
En los sistemas agrícolas difundidos en el sur de la provincia de Santa Fe, el maíz se implanta frecuentemente en suelos de baja fertilidad.



Si bien usualmente el productor destina al cultivo los mejores lotes de su establecimiento, la mayoría de estos tienen niveles de nutrientes por debajo de los requeridos para una producción normal. Esta baja fertilidad generalizada de los suelos es producto de la falta de equilibrio entre lo aportado y exportado en materia de nutrientes, en las últimas décadas en la región (Capurro, 2010).

Los cultivos de cereales (maíz y trigo) presentan menores necesidades de nutrientes por tonelada de producto que los cultivos oleaginosos y proteicos (girasol y soja, respectivamente); sin embargo, la diferente productividad de los cultivos, fuertemente relacionada al ambiente, puede modificar esa relación, reduciendo o invirtiendo las diferencias entre cultivos (Dreccer, 2003).

Los requerimientos nutricionales del cultivo de maíz incluyen 22 kg de N, 4 kg de fósforo (P), 19 kg de potasio (K), 4 kg de azufre (S), 3 kg de magnesio (Mg) y 3 kg de calcio (Ca) absorbidos por tonelada de grano producido. El índice de cosecha (IC) para estos nutrientes es de 66, 75, 21, 35, 50 y 10%, respectivamente (Ciampitti y García, 2007).


El rendimiento del cultivo de maíz es el resultado de la habilidad de la planta en la absorción, asimilación y utilización del N durante el crecimiento vegetativo y la posterior removilización del N adquirido a la espiga, durante el período de llenado de granos (Below, 2002; Muchow, 1998).

En el caso específico de los CC, se trata de cultivos que se siembran en una ventana de tiempo y espacio normalmente no ocupado por otro cultivo de cosecha de granos. El CC no se realiza con el objetivo de obtener granos; por el contrario, su inclusión apunta a mejorar condiciones edáficas y fijación de N, esperando que ello redunde en mejores condiciones y rendimientos para los cultivos siguientes en la rotación (Lorenzatti, 2009).

Para lograr la sustentabilidad del sistema de producción debemos mejorar el balance de carbono (C) a través de un mayor aporte de biomasa vegetal. En este sentido, los CC son una herramienta agronómica ideal porque cumplen el doble rol de aportar C e incrementar el potencial de rendimiento del maíz, haciéndolo económicamente más competitivo respecto al cultivo de soja, estimulando su inclusión en la rotación (Ruffo, 2004).

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