Maximización de la eficiencia de uso del agua con rotación y manejo nutricional

Ing. Agr. SANTIAGO LORENZATTI
Grupo Romagnoli / OKANDU

Ing. Agr. JORGE ROMAGNOLI
Grupo Romagnoli

La siembra directa concebida como sistema de producción ha evolucionado conceptualmente. De ser sólo una herramienta para proteger de la erosión y cuidar el agua almacenada en el suelo, llegó a ser vista como el sistema que permite gestionar eficientemente a la oferta ambiental con el objetivo de maximizar la productividad de manera sustentable. Esta nueva formar de hacer agricultura implica la interpretación de la real y amplia de la oferta ambiental de cada zona productiva y en la adecuación de una estrategia agronómica que maximice el uso eficiente de esos recursos disponibles; incorporando aquellos insumos externos limitantes, de manera de maximizar la producción sustentable. En términos energéticos, esta nueva agricultura tiende a elevar al máximo la eficiencia de transformación de la energía disponible -ofrecida por los recursos naturales y los insumos externos- y su “almacenamiento” en forma de alimentos, fibras y más recientemente en biocombustibles.

Se trata de una nueva agricultura, basada en la incorporación de los conocimientos que la ciencia genera; principalmente en lo que a ecología, ecofisiología, genética, nutrición y protección de adversidades bióticas y abióticas respecta. Es en este contexto, donde las buenas prácticas agrícolas (BPAs) adquieren real importancia; ya que son las herramientas que permiten adaptar y ejecutar los nuevos conocimientos y avances tecnológicos al terreno de la producción agrícola de alimentos.

Las BPAs constituyen una herramienta cuyo uso persigue la sustentabilidad ambiental, económica y social de los sistemas productivos agropecuarios, lo cual debe traducirse en la obtención de productos alimenticios y no alimenticios más inocuos y saludables; en un marco de minimización del daño ambiental. O mejor aún, conservando y aún mejorando muchos parámetros y atributos de los recursos naturales involucrados en el proceso productivo; en el caso de la agricultura, principalmente el suelo. Todo ello, sin resentir los rendimientos de los cultivos; por el contrario, teniendo como objetivo su aumento permanente a partir de la incorporación de conocimientos.


En un sistema de siembra directa hay dos BPAs que resultan clave a la hora de pensar en hacer un uso eficiente del recurso agua, la rotación de cultivos y el ajuste del manejo nutricional asociado. Por lo tanto, y pensando en un manejo eficiente del agua, resulta de gran importancia al plantear la rotación, ajustar su intensidad a la realidad climática y productiva de cada zona. La intensidad hace referencia a la cantidad de cultivos en un período de tiempo. La rotación será más intensa cuantos más cultivos se realicen en un número determinado de años.

Hay que encontrar la intensidad adecuada, ya que si la misma es baja se estarán desaprovechando oportunidades de obtener mayor rentabilidad y no se utilizaría toda el agua almacenada. Por el contrario, si la intensidad es excesiva los riesgos productivos serán altos, ya que para las condiciones promedio de la zona el agua no será suficiente para obtener altas producciones en todos los cultivos (Lorenzatti et al, 2003). En definitiva, la intensidad de rotación es la herramienta para ajustar la secuencia de cultivos a la oferta ambiental. Un buen ajuste de la intensidad de rotación permite ser eficientes en el uso de recursos, maximizando la producción en función a la oferta ambiental; lo cual también es esperable que redunde en mejores resultados económicos para la empresa.

Intensidad de rotación y fertilización

En el sudeste de Córdoba, más específicamente en Monte Buey Grupo Romagnoli, junto a IPNI y Aapresid, viene comparando dos esquemas rotacionales, estándar e intensivo, incorporando un factor extra de análisis: el manejo de la nutrición. Específicamente, desde 1999, en el campo “La Lucía” se comparan la rotación típica trigo/soja-maíz-soja de primera, versus una rotación intensiva basada en dobles cultivos anuales que incluyen trigo y cebada en invierno, en combinación con cultivos de segunda como sorgo, maíz, girasol y soja.

...




CLICK para VER ARTICULO COMPLETO



Forratec ® | 2014 - www.forratec.com.ar | Todos los derechos reservados