Consideraciones en la implantación de pasturas
-1º parte-




Ing. Agr. ARIEL ALEJANDRO MELIN



Una buena implantación en pasturas nos permite asegurar perennidad y alta producción de forraje, que dentro del proceso productivo se transformará en kilos de carne, la de más bajo costo por unidad de forraje, comparada con otros recursos tales como verdeos anuales, granos, balanceados, reservas secas (rollos) y húmedas (ensilajes). Del análisis productivo y económico ganadero de las empresas CREA del sudoeste, surge que el 30% del costo por kilo de carne producido es atribuido al alimento (E. Quiroga 2013) y de éste entre el 10 a 15% es atribuible a las pasturas perennes.

Sembrar bien una pastura es una de las tareas más difíciles que realizan los productores en las empresas agropecuarias, principalmente porque son varios factores que intervienen a la hora de accionar en la siembra propiamente.

• La semilla es pequeña, con pocas reservas, muchas veces de baja calidad, es decir, de bajo poder germinativo (Peretti y Escuder 1990). Esto determina que se pierdan el 40% de las plántulas, aunque en los últimos años esto se está revirtiendo de la mano de la nueva tecnología en el tratamiento de semilla con fungicidas como el N-(triclorometiltio) ciclohex-4-eno-1,2- dicarboximida (Captan50 WP) e insecticidas de última generación como el tiametoxam (CRUISER® 60 FS), disminuyendo este porcentaje de pérdidas.

• El lote a sembrar deberá estar planificado como mínimo con un año de anticipación, respetando un esquema de rotaciones agrícolas en el caso de lotes de loma y con forrajes anuales en lotes no agrícolas. Principalmente para controlar malezas perennes, anuales y carga de insectos que perjudicarían a la pastura durante su vida. Lotes con muchos años de siembra directa se han visto modificados en su ciclo de nutrientes, población de malezas y plagas por lo que han surgido nuevos casos de ataque de plagas relativamente nuevas como bicho bolita, babosas, milpiés, tucuras y grillos que se desarrollan, casi exclusivamente, en suelos poco disturbados, con humedad resguardada y alto volumen de residuos vegetales (Aragón 1997). Lo mismo sucede con la nueva generación de viejas malezas como la rama negra, donde la máxima frecuencia de individuos nuevos aparece en suelos sin roturar dentro de un rango de profundidad entre 0,5 a 2 cm a partir del mes de febrero hasta mayo (Leguizamon 2011). También malezas como lecherón, paja vizcachera, flor amarilla que se desarrollan y establecen mejor en suelos con escasa roturación.

• La maquinaria existente está diseñada para la siembra de cultivos de cosecha como trigo, cebada, avena, sorgo, etc. por lo tanto la siembra de semillas pequeñas sugiere una gran atención para una correcta implantación en cuanto a profundidad y contacto suelo-semilla. Los sistemas de distribución como tubos de bajada corrugados en su interior, no son recomendados para la siembra de pasturas. Lo mismo son los alimentadores tipo chebron acanalados donde ciertas semillas como agropiros y cebadillas quedan atascados. La preparación de la maquinaria debe chequearse antes de la siembra de pasturas.

Cultivos antecesores

Como mencionamos en la introducción, el lote donde se establecerá la pastura debe ya estar planificado con anticipación, principalmente para tener control de malezas, banco de semillas indeseables, por rotación agrícola y ganadera en lotes no agrícolas, por tiempo de barbecho y descomposición de rastrojos y acumular agua. La región centro-sur bonaerense presenta ciertas particularidades como la alta variabilidad en las precipitaciones y alta evapotranspiración desde octubre hasta marzo, lo que hace ser cuidadoso en la conservación de agua en suelo para establecer pasturas en buenas condiciones de humedad. Bajo este precepto el cultivo antecesor más generalizado, en lotes agrícolas, son los de cosecha fina como trigo y cebada, una de las principales particularidades es que los mismos aporten el menor volumen de rastrojo posible para facilitar la posterior siembra de pastura, así contamos con siembras de trigos y cebadas de ciclo intermedio y corto que aportan bajo volumen de rastrojo, otra condición en la cosecha: el corte de trilla debería ser lo más alto posible dejando rastrojo en pie y que la distribución del mismo que pasa por la cosechadora sea uniforme y de tamaño pequeño, para ello las cuchillas desparramadoras de la cosechadora deberán estar afiladas y los flejes abiertos con lo cual se logra mejor distribución.

Otros antecesores utilizados son maíces ganaderos resistentes al glifosato sembrados en octubre y aprovechados tempranamente en enero, este cultivo deja el suelo descubierto, limpio de malezas pero con cierto riesgo de compactación de suelo por pisoteo y dependiente de la recarga de agua al suelo en el mes de febrero. Así también la moha para la confección de rollos, es un excelente antecesor dejando el terreno mullido en óptimas condiciones, siempre libre de malezas, pero con la particularidad de dejar el perfil suelo sin humedad.

En lotes no agrícolas como los bajos la anticipación a la siembra de una nueva pastura se deberá programar con dos años de anterioridad, ya en el mes de diciembre si el lote está muy desparejo se puede pasar una rastra que no mezcle horizontes de suelo y empareje el suelo. Siguiendo con el esquema, una primer aplicación de glifosato hacia fin de diciembre-enero para ir controlando malezas principalmente pelo de chancho (Distichlis spicata) y gramón (Cynodon dactylon). Para mediados de febrero, la segunda aplicación de glifosato y siembra de un verdeo de invierno, principalmente avena que se pastorea hasta fin de la temporada, este proceso se repite un segundo año y el tercer año en febrero en vez de realizar un verdeo implantamos la pastura de bajo con especies como agropiro, festuca, tréboles, melilotus y lotus según las condiciones particulares de cada lote y los objetivos del productor.

Especies a sembrar

Dentro de la región pampeana las condiciones climáticas, temperaturas y precipitaciones no son limitantes para la mayoría de las especies forrajeras que se suelen utilizar para establecer una pastura perenne; así, mientras la festuca y el agropiro requiere 500 mm anuales para producir normalmente, el raigrás se desarrolla dentro de las isohietas de 750 a 850 mm anuales. Otras gramíneas como cebadilla y pasto ovillo requieren mayor humedad en el otoño-invierno, mientras que alfalfa, presenta altos requerimientos de humedad a la siembra y luego en primavera y verano, donde la alfalfa presenta su pico de producción de forraje. Además cada especie tiene un requerimiento térmico, por ejemplo festuca y agropiro necesitan una suma térmica de 600° Cd a partir de 4,5° C para desarrollar tres hojas verdaderas, etapa a partir de la cual entran en activo crecimiento. En el mes de marzo se acumulan aproximadamente 400° Cd, en abril 300° Cd, en mayo 200° Cd y junio sólo 100° Cd (Agnusdei 2013) esto nos da una idea de que a medida que atrasamos la siembra más allá del mes de febrero, las pasturas crecerán más lentamente, no podrán ser aprovechadas antes de octubre y no tendrán gran habilidad competitiva frente a las malezas ya que dejaran espacios de suelo sin cubrir.

Requerimientos edáficos

El pH óptimo para el desarrollo de las especies forrajeras oscila entre 6 y 7 (pH neutro). Hay especies que se adaptan a gran amplitud de pH, por ejemplo la festuca y agropiro vegetan bien desde 4,5 a 9,5 de pH. En el caso de alfalfa los requerimientos de pH son más bien alrededor del neutro (pH7). A los suelos de textura más pesada con alto contenido de arcillas y con ciertos períodos de anegamiento se adaptan especies como lotus, melilotus, festuca y agropiro. Para los suelos francos la mayoría de especies se establecen sin mayores inconvenientes.

[Continúa el sábado próximo]



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