Fertilización de alfalfa.
Fósforo y azufre en la producción de alfalfa en el centro de Santa Fe.



Ing. Agr. HUGO S. VIVAS
Ing. Agr. LUIS A. ROMERO
INTA EEA Rafaela





En el centro de Santa Fe la producción de alfalfa no es uniforme y varía según la región. En el oeste es significativamente superior a su correspondiente del centro y el este. Podría aceptarse que todas comparten similares condiciones de radiación, temperatura y ligeras diferencias en los promedios anuales de precipitación, con aumentos hacia el este. Las razones que en gran parte explican la variabilidad productiva se relacionan con la dotación de nutrientes. Por ejemplo en el oeste los contenidos de materia orgánica (MO) oscilan alrededor de 2,8 - 3% y el nitrógeno total (Nt) 0,15 - 0,16% mientras que en el este dichos valores son inferiores y varían alrededor de 2,2 - 2,5% para MO y de 0,10 - 0,12% para Nt. El ejemplo más contrastante lo constituye el contenido de P extractable (P) y su variación en el perfil. (Gráfico 1)


A diferencia del nitrógeno que puede ser fijado de la atmósfera biológicamente, a través de las bacterias en los nódulos de las raíces, el P sólo puede ser corregido mediante aportes de los fertilizantes (Culot, 1986). Entre las numerosas funciones que le cabe en las plantas se pueden mencionar las siguientes: favorece el rápido desarrollo radicular, interviene en todas las funciones energéticas, aumenta la eficiencia del uso del agua, constituye compuestos esenciales para la fotosíntesis, es componente de las proteínas, contribuye a la fijación del anhídrido carbónico y facilita la fijación del N atmosférico (Reetz, 1986; Lanyon and Griffith, 1988).

Ante todos los beneficios del P y para similares condiciones de abastecimiento de agua es lógico que un suelo como el de Rafaela, representativo del oeste de la provincia, produzca más materia seca (MS) que otro como el de Franck o Esperanza. Si el nivel necesario de P extractable para la óptima producción de alfalfa debe superar los 25 - 30 ppm en los primeros 15 cm de suelo, en el Gráfico 1 se muestra que en el oeste no sólo hay alrededor de 70 ppm en superficie sino que hasta una profundidad de 1,4 m la cantidad continúa en valores de 20 ppm. Por el contrario en el este, el nivel de P en superficie oscila entre 5 - 10 ppm y disminuye el contenido en profundidad. La primera experiencia con resultados positivos a la fertilización fosfatada en alfalfa fue encontrada por Vivas et al, (1996) en el Departamento Las Colonias, a la vez que la respuesta fue nula en el Departamento Castellanos con suelos suficientes en P.

Un contraste en la producción de MS para dos localidades con suelos diferentes surge de la información obtenida por Romero y Aronna (2003) (Cuadro 1).

Los 49830 kg/ha de MS acumulada en Rafaela se pueden asociar con altos niveles de P mientras que los 16510 kg/ha de MS logrados en Humboldt con niveles medios de P (Cuadro 1). La acidez del suelo o pH fue similar para las dos localidades. Las diferencias productivas fueron muy notables poniendo de relieve la necesidad de corregir el P del suelo en Humboldt para aumentar los rendimientos.

La MS de alfalfa contiene alrededor de 0,3% de P. Por lo tanto los 49830 kg/ha de MS en Rafaela consumieron 150 kg/ha de P en tres años, equivalentes a 750 kg/ha de Superfosfato triple (SFT), que corresponden a 250 kg/ha de SFT/año. En Esperanza por el contrario la cantidad fue de 250 kg/ha de SFT en tres años correspondiendo aproximadamente a 83 kg/ha de SFT/año.

Es evidente que la cantidad necesaria de P para la producción de alfalfa es alta pero es importante saber que una gran proporción de lo que se consume puede volver al suelo a través del bosteo, de ahí la importancia de la mayor permanencia de los animales en los potreros para facilitar el retorno de los nutrientes. Lo mismo ocurre con el calcio (Ca) y el magnesio (Mg).

Por el momento, en el oeste de la provincia con alta concentración de P en el suelo, es factible la producción de la pastura sin recurrir a la fertilización pero es diferente en el centro y el este donde la aplicación de P es una necesidad.

En el “oeste” corresponde enfatizar en la elección de la variedad, la fecha de siembra, el control de las malezas y la inoculación para optimizar la fijación biológica del nitrógeno, pero en el “este” además se impone un análisis del suelo para evaluar el P extractable y fertilizar si el mismo es inferior a 25 ppm. La cantidad a utilizar estará en función de los resultados analíticos y de los objetivos de producción y la dosis podrá definirse con ayuda profesional o técnico asesor. La fertilización fosfatada permite un forraje de mayor calidad respecto de este nutrimento puesto que con las dosis sucesivas se observaron aumentos de 0,27 a 0,35 g/100 de P (Vivas et al, 1996).

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El Ing. P. A. Raúl M. Almeida, en representación de Forratec Argentina S. A., es el contacto con la Asociación Argentina de Angus y sus socios, para asesoramiento técnico y comercial.

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