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07·07·2018 Nº 390
Almacenamiento de maíz en silo bolsa para alimentación animal
DE LA TORRE, D. A.; CARDOSO, M. L.; DEPETRIS, G. J. y BARTOSIK, R. E.
EEA INTA Balcarce
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La conservación del maíz desde la cosecha hasta su uso final debe realizarse con las menores pérdidas de calidad posible, entendiendo por calidad los atributos del grano que le dan valor para su uso final. Por ejemplo, si el destino es molienda, la integridad física del grano es fundamental, si el destino es forrajero su valor nutricional es lo esencial, si el destino es la siembra (semilla) su poder germinativo es la cualidad a conservar. A su vez, si el destino es la alimentación humana o animal, la inocuidad del producto es también un atributo necesario (libre de contaminación con micotoxinas y pesticidas), además de su calidad nutricional.

En líneas generales podemos asegurar que durante el almacenamiento, la principal causa de deterioro de la calidad está dada por el desarrollo de microorganismos. Estos se activan a una determinada humedad, a partir de allí, cuanto más húmedo está el grano, más rápido es su deterioro. Por ello, cualquiera sea el destino final del maíz, la técnica de conservación universal es el secado. Es decir, guardar el maíz con una humead lo suficientemente baja para que no permita el desarrollo de hongos. Una vez seco el grano, podemos aseverar que cuanto más frio se encuentre, menor será el riego de desarrollo de insectos (por debajo de 17ºC el desarrollo de insectos es prácticamente nulo).

En definitiva para aumentar la probabilidad de conservar los atributos del maíz durante su almacenamiento, el grano debe estar: SECO (contenido de humedad igual o inferior a 14,5%), FRIO (17ºC o inferior), LIMPIO (sin partículas extrañas, polvo, grano partido etc.) y SANO (poca incidencia de enfermedades, fundamentalmente fúngicas).
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Almacenamiento en silo bolsa (sistema hermético)

Si el sistema de almacenamiento a utilizar es el silo bolsa, la naturaleza hermética del sistema favorece la modificación de la atmósfera (en el interior de la bolsa). El grano y los microrganismos asociados a él respiran consumiendo el O2 y liberando CO2, reduciendo y aumentado la concentración de cada uno de estos gases, respectivamente. A mayor concentración de CO2 y menor de O2 las condiciones del ambiente dentro de la bolsa se vuelven poco propicias para el desarrollo de hongos e insectos. Claro que a mayor humedad inicial del grano almacenado y a mayor temperatura, mayor es la respiración y consiguientemente la modificación de la atmosfera, pero esta respiración ocurre a costa del consumo de la materia seca del grano, es decir a costa del daño del grano y pérdidas de calidad. Este fenómeno de modificación de la atmósfera se combina con la gran superficie expuesta al ambiente en relación al volumen de gano almacenado en un silo bolsa. El largo de la bolsa (usualmente 60 m) combinado con un diámetro reducido (2 m aprox.), comparado con un silo chapa tradicional, facilita el intercambio de calor con el ambiente. Por lo que el calor producido por la actividad de hongos y/o insectos en la bolsa se disipa rápidamente sin registrar aumentos de temperatura en el grano. De hecho, la temperatura del grano almacenado en el silo bolsa copia las fluctuaciones estacionales de la temperatura ambiente. En el caso del maíz producido en zonas con clima mediterráneo (estaciones bien marcadas) esto es beneficioso para su almacenamiento dado que se cosecha durante el otoño cuando la temperatura ambiente promedio se reduce paulatinamente hasta el invierno. Es decir que cuando almacenamos maíz en silo bolsa tenemos la posibilidad, si las circunstancias lo ameritan, de almacenar el grano con una humedad superior a 14,5%, aunque no mayor a 16% desde la cosecha y durante el invierno. Si bien no eliminamos la actividad de hongos y pérdidas de calidad, la modificación de la atmósfera y las bajas temperaturas reducen la velocidad de los procesos de descomposición, reduce los riesgos y extiende el TAS. Por supuesto que el TAS y los límites de humedad son meramente orientativos, una generalización ideal, debido a que el comportamiento de los granos y la microflora asociada es afectado por la combinación de numerosos factores, por lo que cada caso necesita un estudio particular.
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Sin embargo, para lograr una adecuada conservación en silo bolsa se debe garantizar la hermeticidad para evitar la entrada de agua y de O2. Para ello se deben seguir una serie de recomendaciones tendientes a minimizar la pérdida de hermeticidad, entre las cuales podemos citar:

1) Armar la bolsa en un terreno alto, nivelado, con ligera pendiente (evitar la acumulación de agua en el lugar de emplazamiento de la bolsa.

2) Limpiar el terreno de malezas y residuos del cultivo anterior (evitar roturas en la base de la bolsa).

3) Termo-sellar el inicio y cierre de la bolsa.

4) Revisar y emparchar todas las roturas y/o perforaciones (restaurar hermeticidad).

5) Instalar cerco perimetral, implementar control de roedores, mantener el pasto corto y el terreno limpio en las inmediaciones de los silo bolsas (evitar la presencia de animales en los alrededores y minimizar riesgos de daños).


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