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12·05·2018 Nº 382
Fertilización en alfalfa
Ing. Agr. (PhD) MARTÍN DÍAZ ZORITA
Duarte & Asoc., FAUBA y Nitragin Argentina S.A.

Ing. Agr. (MSc) SEBASTIÁN GAMBAUDO
EEA Rafaela - INTA


Fuente | El cultivo de alfalfa en la Argentina
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Introducción

Las pasturas de alfalfa bien implantadas y adecuadamente manejadas convierten diariamente la energía solar en materia seca, acercándose a los niveles de productividad potencial propios de cada ambiente. Así como la duración del período libre de heladas regula la longitud del ciclo anual de crecimiento, la disponibilidad de agua y nutrientes condicionan la capacidad de conversión de la energía solar (radiación) en materia seca, con tasas dependientes de las temperaturas y otros factores según el manejo realizado (área foliar remanente, estación del año, etc.). Los nutrientes provistos por el suelo, la fertilización y otros procesos biológicos tienen un papel preponderante en la determinación del destino productivo de una pastura. Del total de nutrientes consumidos por la alfalfa (Cuadros 1 y 2), el nitrógeno (N), el fósforo (P) y, con menor frecuencia, el azufre (S) y el boro (B) son los elementos que usualmente -en ausencia de restricciones hídricas severas- más limitan su producción (1, 12). Además de éstos, la alfalfa se caracteriza también por presentar altos requerimientos de calcio (Ca) y una marcada sensibilidad a condiciones de acidez de los suelos. En consecuencia, una estrategia eficiente en el manejo nutricional de esta especie deben contemplar, siempre que fuere necesario, no sólo la fertilización sino también las correcciones por encalado (31, 37).

Nitrógeno (N)

Las grandes cantidades de N requeridas por la alfalfa son provistas mayoritariamente desde la atmósfera a través de la simbiosis con la bacteria Sinorhizobium meliloti. Este proceso de fijación biológica se alcanza bajo adecuadas condiciones edáficas (aireación, profundidad, pH, etc.), incluyendo una correcta provisión de agua y de nutrientes, y una inoculación eficiente de las semillas. Los detalles de todo este proceso se discuten en el Capítulo 4 de esta publicación. Dado que el N es el principal constituyente de las proteínas, una adecuada nutrición nitrogenada de la planta contribuye a la expansión del área foliar, a una mayor eficiencia en el uso de la radiación y a una mejor calidad del forraje.
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En la etapa de la implantación, la alfalfa responde negativamente al agregado de altas dosis de fertilizantes nitrogenados, disminuyendo no sólo la densidad de plantas logradas y su capacidad de fijación simbiótica del N atmosférico (24), sino también su posterior producción de forraje (Figura 1). Por el contrario, en pasturas en producción se ha observado que la aplicación de N en el inicio de la primavera induce a una mayor tasa inicial de producción, con el consiguiente adelanto en la acumulación y la utilización del forraje (Figura 2). Este comportamiento, que se atribuye al decaimiento de la actividad de fijación biológica del N, ha sido observado bajo condiciones de secano en varios ambientes. En esas condiciones, se ha recomendado la aplicación de fertilizantes nitrogenados, pero luego del pastoreo para evitar daños fitotóxicos al follaje (42).

Los efectos fitotóxicos de los distintos fertilizantes nitrogenados sobre la población de plantas de alfalfa constituyen otro de los aspectos a considerar cuando se los utiliza durante la siembra de la pastura. Dosis relativamente altas de urea aplicadas en la misma línea de siembra reducen la cantidad de plantas logradas y la producción inicial de la pastura (Figura 3). El daño es de menor magnitud si se emplean otros fertilizantes o si se hacen aplicaciones de urea incorporadas en bandas y al costado de la línea de siembra. Los riesgos de fitotoxicidad son mayores si existen deficiencias hídricas en la capa de suelo donde se colocan las semillas y el fertilizante, y también en aquellos suelos con escasa capacidad de intercambio catiónico (CIC). Este último caso es muy frecuente en suelos de textura franca a arenosa y de moderado a bajo contenido de materia orgánica, lo que condiciona una baja capacidad para retener el amonio formado durante la disolución del fertilizante nitrogenado.
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Fósforo (P)

El P es un elemento fundamental en la nutrición de la alfalfa porque interviene en múltiples procesos, como el desarrollo de la biomasa aérea y radical, la capacidad de nodulación y de fijación del nitrógeno atmosférico, el funcionamiento de regiones meristemáticas, la fotosíntesis, la síntesis de carbohidratos y proteínas, la transferencia de energía (ATP), etc. Una adecuada provisión de P es fundamental no sólo para la productividad de la planta sino también para su tolerancia a factores de estrés (ej. sequía) y su persistencia. El análisis de suelo, para determinar el nivel de P extractable, es una herramienta de utilidad para diagnosticar ambientes con potenciales necesidades de fertilización fosfatada (2). En general, la máxima productividad de gramíneas forrajeras se alcanza con menores niveles extractables de P del suelo que para leguminosas, y dentro de éstas son mayores las exigencias de la alfalfa (Cuadro 3).

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