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Forratec S.A.
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26·03·2016 273
Utilización de pasturas

HÉCTOR R. PAGLIARICCI
ALFREDO OHANIAN
TELMO PEREYRA
SERGIO GONZÁLEZ
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Especies forrajeras cultivadas de mayor difusión en la región central del país

Básicamente, las especies forrajeras utilizadas en la región en los sistemas ganaderos de carne y leche están representadas por anuales de invierno (avena, centeno, trigo, cebada, triticale); de verano (sorgo, maíz, moha, mijo común, mijo perla). Dentro de las anuales es muy frecuente el uso de Melilotus spp. como integrante de mezclas, principalmente con anuales de invierno. Las especies perennes están representadas por pasto llorón (Eragrostis cúrvula) y alfalfa (Medicago sativa), como cultivo puro o en consociación con otras especies. También, como cultivos puros o como integrantes de praderas perenne, cabe mencionar otras especies forrajeras, como las gramíneas perennes de ciclo otoño-invierno-primaveral: festuca (Festuca arundinacea), agropiro (Tynophiron ponti-cum), pasto ovillo (Dactylis glomerata), falaris (Phalaris acquatica), cebadillas (Bromus spp).

Se han realizado experiencias con trébol blanco (Trifolium repens) rojo o rosado (Trifolium pratense), pero los resultados no han sido totalmente satisfactorios, dependiendo de las condiciones climáticas del año y aspectos relacionados con el manejo. En los últimos años se ha observado un incremento en la superficie cultivada de algunas gramíneas megatérmicas de los géneros (panicum, cenchrus y digitaria). El grado de adaptación de estas especies a estas latitudes determinará la consolidación final de las mismas a los sistemas de producción de la región.

Especies perennes
Importancia


Las especies perennes se constituyen en uno de los recursos más eficientes para la protección del suelo, mejorando la fertilidad, disminuyendo los costos al no requerir labranzas y mejorar los rendimientos agrícolas a través de la recirculación de nutrientes por parte del subsistema ganadero. Los cultivos perennes utilizados en los sistemas bovinos para carne y leche de la región son alfalfa y las gramíneas de ciclo otoño invierno primaveral, los que pueden sembrarse como cultivos puros o constituyendo las praderas perennes (Pagliaricci et al, 1997).
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• Alfalfa

La alfalfa es un recurso fundamental para la producción agropecuaria en las regiones templadas del mundo. Su calidad nutritiva, producción de forraje, hábito de crecimiento, perennidad, plasticidad y capacidad de fijación simbiótica de nitrógeno atmosférico, la convierten en una especie esencial para muchos sistemas de producción agropecuaria. En la mayoría de las regiones de Argentina donde las producciones de leche y carne son relevantes, esta especie forrajera es básica en la alimentación. Sin embargo, la dimensión real de su valor surge cuando se considera, además, el papel de esta leguminosa en la sustentabilidad de los sistemas de producción, por su función en la recuperación de la fertilidad y estabilidad edáfica (Pordomingo, 1995).

En nuestro país se cultivó primeramente en la región cuyana (Mendoza y San Juan) y años mas tarde en Córdoba. Su llegada a lo que actualmente es la provincia de Buenos Aires se produjo a mediados del siglo XVIII. En el año 1900 se registraron aproximadamente 1,5 millones de hectáreas y solo dos décadas después la superficie llegó a las 8,5 millones. Desde entonces la evolución de la superficie con alfalfa en Argentina experimentó vaivenes muy marcados con un mínimo de 3.000.000 has en 1972/73 (Hijano y Basigalup, 1995; Romero, 1981). Los últimos datos muestran una superficie en la región pampeana de 5 millones de hectáreas (INDEC, 1993).

La escasa persistencia de los cultivos de alfalfa y sus praderas está íntimamente relacionada con la utilización en pastoreo de esta especie. La normas y las estrategias de uso deben basarse en la dinámica de las sustancias de reserva en sus órganos de almacenaje, asegurando niveles adecuados de las mismas en épocas críticas del año, junto con otros aspectos tecnológicos del cultivo que tendrán que ser considerados.
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Varios autores coinciden en que su sobrevivencia y crecimiento posterior dependen, tanto del área foliar remanente, como de los niveles de reserva y que ambos factores están relacionados (May y Davidson, 1958; Good y Bell, 1980; Smith y Silva, 1980; Vickery, 1981).

La importancia de las reservas es bien conocida. Cooper y Watson (1968) citan que ya en 1927 Graber et al enunciaron que: "Las condiciones de las raíces de alfalfa están tan claramente relacionadas con la cantidad de parte aérea, que en prácticas de manejo no se las puede ignorar más". El estudio del ciclo de acumulación de las reservas de carbohidratos no estructurales totales (CNT) en alfalfa es de gran importancia, pues permite correlacionar características fisiológicas con el desempeño productivo (Costa, Saibro y Riboldi, 1987).

Grauman, Webster, Canode y Murphy (1954) señalaron que en el manejo de alfalfa lo primero que importa es el estado de los carbohidratos de reserva en las raíces, puesto que están directamente relacionadas con la velocidad de recuperación, el crecimiento vegetativo total y la sobrevivencia durante el invierno. Borel (1974) y Lawn y Brum (1974) encontraron mayor cantidad de CNT cuando la defoliación se realizó con intervalos largos y baja intensidad. Generalmente, cortes tardíos, cerca de plena floración, incrementan el vigor del rebrote (Leach, 1967) y mantiene altos niveles de carbohidratos de reservas en las raíces (Reynolds, 1971). Por otro lado, la alfalfa puede tener más vigor con cortes menos frecuentes, pero esto resulta en bajos valores nutricionales del forraje. Wolf y Blaser (1981) señalan que la frecuencia de corte o pastoreo debe considerarse como un compromiso prudente entre producción, calidad y longevidad de las plantas.

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