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12·03·2016 271
Síntomas, dispersión y daños del Virus del mosaico de la alfalfa

FERNANDO ESCRIU
MARÍA BERGUA
MARÍA ELENA VARGAS-MAINAR
MARISOL LUIS

Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón
(CITA) Zaragoza

Fuente: Vida Rural - España
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El objetivo del presente artículo es aportar información sobre el virus del mosaico de la alfalfa, qué síntomas produce, cómo se dispersa entre plantas y qué efectos puede tener, para que el agricultor sepa identificarlo en lo posible y, sin menospreciar sus posibles efectos perjudiciales, aprenda a convivir con él y a tomar algunas medidas, fáciles de aplicar, que contribuyan a mantener niveles aceptables de infección y a minimizar en lo posible sus efectos negativos.

El virus del mosaico de la alfalfa es un virus de plantas que está presente en cualquier lugar donde se cultive la alfalfa, infectando prácticamente todas las zonas de producción del mundo. La amplia dispersión de este virus probablemente haya sido paralela a la propia distribución del cultivo, o al menos, haya tenido lugar desde los primeros intercambios a gran escala de material vegetal de alfalfa. Por tanto, cualquier cultivador de alfalfa tiene el virus infectando sus alfalfares aunque no haya tenido conciencia de él, puesto que, como comentaremos más adelante, este virus no siempre manifiesta claramente síntomas. No por ello debe alarmarse, puesto que con toda probabilidad el virus siempre ha estado en sus campos, afectando a una mayor o menor proporción de plantas.

Como todos los virus, el virus del mosaico de la alfalfa se identifica con las siglas de su nombre en inglés, AMV, de Alfalfa mosaic virus, y con estas siglas nos vamos a referir a él en adelante en el presente artículo.

Cómo identificar los síntomas de AMV

El síntoma más típico de que una planta de alfalfa se encuentra infectada por AMV es la aparición de manchas de forma variable y de un color amarillo intenso, alternadas con el color verde de las hojas. (Foto 1). Esta alternancia de manchas de distinto color entre el color normal de las hojas es un síntoma muy común de las infecciones causadas por virus de plantas, y es lo que se denomina manchas en forma de mosaico, o símplemente mosaico, que en el caso concreto de AMV, por su color, suele llamarse mosaico amarillo. Este síntoma es el más generalizado en las infecciones producidas por AMV y es el que da el nombre al virus.
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Algunas veces, el síntoma de mosaico amarillo puede ir acompañado del arrugamiento de la lámina de la hoja, que es fácil de confundir con los síntomas de arrugamiento similares, producidos por otro virus de distinta naturaleza que AMV, y que también puede encontrarse con cierta frecuencia en los campos de alfalfa españoles. Se trata del virus de las excrecencias de la alfalfa, LEV (Lucerne enation virus), cuyo síntoma más característico es la aparición de excrecencias o protuberancias en los nervios del envés de las hojas, que se deben a la alteración de su crecimiento, y producen como consecuencia un arrugamiento de la hoja, generalmente más pronunciado que el debido a AMV.

Dada la gran capacidad de dispersión de AMV, las excrecencias y arrugamientos producidos por LEV podrán ir acompañados en buen número de ocasiones por los síntomas de mosaico amarillo típicos de la infección por AMV, como puede observarse en la foto 2. Por último, en los casos de infección por AMV más graves también puede observarse una reducción del crecimiento de la planta, que sin duda afectará al rendimiento de forraje.

Hay que tener en consideración que no siempre que existe infección los síntomas de AMV descritos anteriormente son claramente observables.Al contrario, es muy frecuente que en alfalfares con niveles relativamente importantes de infección sea difícil encontrar plantas que manifiesten los síntomas a simple vista. Por ello, para determinar el nivel de infección en una parcela será imprescindible realizar una toma de muestras de plantas al azar y aplicar sobre ellas algún método de diagnóstico del virus en el laboratorio. Los miembros del laboratorio de virología del CITA hemos realizado varias prospecciones en alfalfares de distinta edad y hemos detectado AMV por serología para estimar el nivel de infección en los mismos. En nuestra experiencia, los síntomas del virus descritos anteriormente suelen ser más fáciles de observar en alfalfares a partir de tres años de edad, cuando probablemente la mayoría de las plantas que muestran esos síntomas ya lleven infectadas dos o tres años. Este aparente retraso en la manifestación de los síntomas de infección, unido a que es posible que no todas las plantas infectadas lleguen a mostrarlos, hace que aunque seamos capaces de identificarlos fácilmente en una parcela, la proporción en la que los veamos será siempre menor a la proporción real de infección, como puede observarse en el cuadro 1.
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Dispersión de AMV

Como decíamos al comenzar el artículo, AMV está presente infectando alfalfa allí donde ésta se cultiva. El virus fue descrito por primera vez por Weimer en 1931 en Estados Unidos como el agente de una enfermedad que producía mosaicos en la alfalfa. Desde entonces se ha podido comprobar su amplia distribución mundial en prácticamente todas las zonas de producción. En España, el primer ejemplar del virus que se estudió fue aislado de plantas de alfalfa de los alrededores de Madrid en 1972 por Díaz-Ruiz y Moreno. En aquellos países productores en los que se ha estudiado con detalle la presencia del virus en el cultivo, principalmente Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, se han observado incidencias o niveles de infección que en pocas ocasiones descienden del 50% como media, aunque en general estos niveles dependen de la edad de los alfalfares. En cultivos de tres a cinco años es frecuente encontrar niveles de infección por encima del 60%.

La amplia distribución del virus y sus altos niveles de incidencia y persistencia son en parte debidos a su gran capacidad de dispersión a través del propio material vegetal de alfalfa. AMV puede transmitirse de una planta infectada a su propia descendencia a través de la semilla, ya sea infectando su polen o sus óvulos. De este modo, una determinada proporción de la semilla que se emplea para sembrar un nuevo cultivo de alfalfa es portadora del virus si se ha producido en campos en los que existían plantas infectadas, y por tanto constituye un foco inicial de infección en el nuevo cultivo.

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