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05·03·2016 270
La calidad en la alfalfa, posibles clasificaciones

JAUME LLOVERAS1 y Mª ANGELS MELINES2
1 Universidad de Lleida
2 Transalfals S.C.C.L. - ACTELGrup
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En los últimos años el sector de la alfalfa en España ha aumentado la exportación de alfalfa deshidratada hacia países del Golfo Pérsico y en el último año a China.
Estas exportaciones se han hecho básicamente con forraje de alta calidad (AEFA, 2014), aspecto del que trata este artículo.


La rentabilidad del cultivo se asienta en tres pilares: producción, calidad y persistencia

La alfalfa es, probablemente, la leguminosa forrajera más importante del mundo, siendo EE.UU y Argentina los principales países productores, mientras que en Europa lo son Francia e Italia (Michaud et al., 1988). En España, la alfalfa forma parte de las rotaciones de cultivo tradicionales ocupando unas 246.000 hectáreas, 117.000 hectáreas en regadío en el valle del Ebro (Huesca, Zaragoza y Lleida) y unas 86.000 hectáreas en Castilla y León (Magrama, 2014).

Los productores de alfalfa saben bien que la rentabilidad del cultivo se asienta en tres pilares: producción, calidad y persistencia. Al igual como ha sucedido en otros países, en España la producción y la persistencia eran posiblemente los elementos más importantes hace años (Del Pozo, 1971), mientras que en la actualidad lo son la calidad y la producción, ya que la persistencia ha pasado a un segundo plano (Sheaffer y Marten, 1987).

La calidad de la alfalfa y sus variaciones

Los productores de alfalfa conocen bien que retrasando la fecha de corte se aumenta la producción de forraje y en cambio disminuye la calidad del mismo. Sin embargo esta reducción conlleva una disminución del precio del producto (Ball et al., 2001).

La cuantificación de la disminución de calidad de la alfalfa al avanzar el cultivo hacia la madurez y consiguiente incremento de la producción han sido fruto de muchas publicaciones en varios países (Alibes y Tisserand, 1990; Ball et al., 2001; Bosworth y Stringler, 1992; Delgado et al., 2005; Lloveras et al., 1998).
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Como se puede observar en los cuadros I, II y III, hay variaciones entre los valores aportados en cada una de ellas, ya que la época de corte, la variedad, la localidad y su climatología pueden afectar a la composición del forraje.

El contenido en proteína bruta (PB), se ha venido considerando habitualmente, en nuestras condiciones, como el factor determinante de la calidad de la alfalfa, ya que esta determinación es relativamente sencilla de llevar a cabo. Sin embargo, desde los años 80, se han estado utilizando, principalmente en EE.UU., otros parámetros como la fibra ácido detergente (FAD) y la fibra neutro detergente (FND) (Rohweder et al.,1978).

A modo de resumen, el contenido de PB de la alfalfa puede estar (cuadros I, II y III), en los cortes que esta florece y en estado vegetativo, entre el 23-27%, en botones florales justo antes de florecer, entre el 18-24%, al inicio de floración entre el 19 y 21% y en plena floración entre el 15 y el 19%. En los cortes primero y último, cuando la alfalfa no florece, el contenido en PB en nuestras condiciones puede ser más elevado. Figura 1.

Los valores que aparecen en los cuadros son para alfalfa cortada en verde. En cambio, si la alfalfa se procesa para henificación o deshidratado, se pierden unos 2-4 puntos de PB, debido mayormente a la pérdida de hojas, durante el proceso de recolección y secado. Estas pérdidas son más elevadas cuanto peor sea el manejo del forraje (Ball et al., 2001).

Normalización de la calidad

Los productores de alfalfa de EE.UU. fueron los primeros en percatarse de la necesidad de normalizar la calidad del forraje, por las ventajas que aportaba a la comercialización del producto y también para el comprador final. En 1978 (Rohweder et al., 1978) se publicó una clasificación en la que se introdujo el concepto del RFV (Relative Feed Value) traducido como valor nutritivo relativo (cuadro IV), basado en ecuaciones de predicción empleando la fibra ácido detergente y la fibra neutro detergente.
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Como se ha comentado anteriormente, el contenido de PB se usaba como medida de la calidad del heno. Sin embargo, otros factores también importantes, como el contenido de fibra, que a su vez influye en la digestibilidad y en la ingestión, contribuyen a determinar la calidad del forraje. El valor nutritivo relativo (RFV) intenta indicar la calidad del forraje y se ha convertido en una herramienta común para determinar la calidad del heno (ingesta energética y valor) y su valoración.

El RFV se ha desarrollado principalmente para la alfalfa, por las características de su fibra, distinta a la de otros forrajes. El RFV se expresa como porcentaje del valor nutritivo de la alfalfa en floración completa (RFV=100).

La calidad de la alfalfa pasó a medirse por otros parámetros (FAD, FND), no solo por su contenido en PB. El auge de la tecnología NIRS facilitó estos análisis (Undersander, 1998) y con ello el proceso de determinación de la calidad.

El RFV representó una importante herramienta en el mercado del forraje, así como en aspectos técnicos sobre la calidad del mismo. En la actualidad se está empezando a implementar otro valor de calidad de forraje denominado valor relativo de la calidad del forraje (Relative Forage Quality) (Moore y Undersander, 2002), que no vamos a tratar en este artículo.

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