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12·09·2015 245
La experiencia de un grupo de argentinos en tambos Kiwis
FEDERICO PADIN
Con la colaboración de Fernando Preumayr
21/08/2015 | En primera persona y con la colaboración de Fernando Preumayr, compartimos la experiencia de un grupo de argentinos que fueron a trabajar a un tambo en la Isla Sur de Nueva Zelandia.
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Así arrancó todo. Un poco causalmente y otro poco haciendo fuerza para que las cosas sucedan. Pablo, "el otro" Fede y Juan, los otros tres aventureros que completan el cuarteto, habían estado trabajando algunos meses en una empaquetadora de kiwis en la Isla Norte, cerca de la localidad de Tauranga. Su trabajo consistía en pasar doce horas dentro de una fábrica sin mucha luz solar. Pero su idea, como la mía, era buscar algo más desafiante.

El primer acercamiento

De casualidad nos contactamos por primera vez con Dave Mc Leod, ya que nos habían pasado sus datos en una empresa agrícola de un pueblo cercano. Recuerdo que la llamada fue muy productiva y ese mismo día nos invitó a su campo para hablar de las posibilidades laborales que existían.
Por problemas mecánicos en el auto llegamos un poco más tarde de la hora acordada. Sin embargo, Dave nos recibió muy amablemente. Allí nos explicó en qué consistía mínimamente el trabajo y nos comentó que podía contratar sólo a dos de nosotros, pero que consultaría con su vecino de enfrente si necesitaba personal. A la semana recibimos la noticia de que quería volverse a reunir, pero esta vez también vendría Derek Wilson, quién vivía y tenía su tambo enfrente. En la charla participamos los cuatro argentinos y los dos productores. Nos preguntaron de nuestras vidas y decidieron darnos la oportunidad de trabajar; en una semana nos mudaríamos a una casa que nos proveería en su campo Derek.
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Recuerdo que fue un día domingo. Allí nos recibieron Dave y Wilson, nos introdujeron a sus familias y se aseguraron de que no nos faltara nada. Luego un empleado nos llevó a pasear por el campo donde trabajaríamos dos de nosotros y nos explicó las diversas tareas con las que nos podíamos encontrar a lo largo de nuestra experiencia.

El proceso de inducción fue muy divertido y enriquecedor. Recuerdo que nuestro primer día de trabajo fue el 9 de julio de 2010. Juan y yo habíamos sido enviados a trabajar a los campos de Peel View Ltd., que estaban enfrente de donde vivíamos. A las 8 hs de la mañana Dave nos pasó a buscar en su camioneta y nos llevó a hacer un recorrido por el campo. Nos presentó a los managers y nos dijo que más adelante uno de nosotros trabajaría allí y el otro iría al campo más alejado.

Como era julio se estaba preparando todo para el comienzo duro de la "calving seasson" y la "milking seasson". Sin embargo, las dos primeras semanas no pisamos el tambo. Se nos encomendó, en cambio, la tarea de destapar un silo bolsa muy grande y cortar leña con un hacha hidráulica anexada al tractor para aprovisionar a todas las casas para el invierno. Ya a finales de la etapa de inducción se nos enseñó el manejo de los animales y cómo movilizarlos desde los corrales o "paddocks" hasta campos vecinos en donde las vacas comían una especie de calabaza que crecía allí.
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Cuando el comienzo de la temporada fuerte se hacía inminente comenzamos a ordeñar las primeras vacas parturientas y a desenvolvernos dentro del tambo. Cada día que pasaba era apasionante en cuanto al conocimiento que íbamos adquiriendo, teniendo en cuenta que jamás habíamos pisado siquiera un establecimiento agropecuario. Al fin de cuentas, ya a finales de julio o principio de agosto el tambo empezaba a arrancar su pico de producción y el tiempo dentro del tambo iba "in crescendo".

El tambo

La empresa Peel View Ltd. se encuentra en la Isla Sur, y en el año 2010 se ubicaba a unos 40 km de Ashburton, a lo largo de la ruta Hind-Arundel Road. En la actualidad la empresa fue relocalizada a 20 kilómetros de su locación original.
La estructura empresaria era muy ordenada y constaba de dos tambos, separados unos quince kilómetros. Había un "farmer" y un "farmee". Es decir, mi jefe era el dueño de todos los bienes de capital (casas, vehículos, maquinaria, instalaciones y la mitad de las vacas) y su socio poseía la extensión de las tierras.
Cada tambo contaba con alrededor de 1.000 vacas en ordeñe más los terneros recién nacidos. Sólo se quedaban con las primeras 200 terneras y algunos toritos, descartándose el resto de los animales que nacieran. En cada campo había un "manager" y, dependiendo del nivel de exigencia, podía haber entre dos y cuatro "manager assitants". La diversidad culturar de los empleados de la empresa era muy variada, ya que además de argentinos había irlandeses, filipinos y neozelandeses.
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Los dueños eran personas muy amigables. Quien manejaba los negocios y la logística era Dave Mc Leod junto con su esposa, quienes vivían en una casa dentro del mismo predio. Son personas dedicadas 100 por ciento a la explotación lechera, sin descuidar su vida social y familiar. Nosotros éramos invitados todos los miércoles a comer a su casa juntos con los demás empleados y los padres de Dave. Eran momentos muy distendidos, donde compartíamos experiencias del trabajo y de nuestras vidas en general. Muchas veces aprovechábamos para ver partidos de rugby o de fútbol.

Cada empleado tenía en claro cuáles eran sus tareas y en ningún momento había desorganización. El manager de cada campo era el encargado de organizar los "rosters" (planillas de turnos laborales), analizando en cada caso particular los días de franco. La explotación era 100 por ciento eficiente, utilizando cuatriciclos y motos para el movimiento interno y camionetas para el desplazamiento fuera de los límites del campo.

Un día de trabajo

Un día normal en la etapa de mayor trabajo (agosto-octubre) arrancaba a las 3,30 hs de la mañana. Desayunaba de manera fuerte, me abrigaba -el frío en la Isla Sur es muy intenso- y me dirigía al tambo. Ni bien llegaba me aseguraba de limpiar el tanque y con una manguera industrial mojar todo el tambo, las teteras y el corral en el que ingresaban los animales. Si bien me aseguraba la noche anterior de que el camino por el que transitaban las vacas desde el paddock al tambo estuviera listo, a la madrugada volvía a confirmar que todo estuviera en su lugar. Luego con un cuatriciclo iba a buscar los animales y lentamente me aseguraba de que todos fueran caminando hasta el tambo. En caso de haber vacas heridas o debilitadas las dejaba allí y le daba el parte a la manager.

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